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¿Quieres bailar contigo?
Curso gratuito de música electrónica:
Un reportaje de Toño Angulo Daneri
Fotos de Antonio Escalante y Renzo Guerra

¿Por qué tantos desprecian la música electrónica de baile?
Unos
la acusan de ser una música de máquinas, vacía de técnica y
de contenido. Inhumana. Otros dicen que sólo la puedes
entender si consumes drogas. Un reportero que no sabe bailar
defiende el llamado dance desde el acto más instintivo y
menos racional del homo sapiens: dejar que tu cuerpo baile.
1.Baila y no
cantes.
En la pista de baile principal del club The Moog de
Barcelona aún no había mucha gente: quizá unas cincuenta
personas contando a las chicas que servían copas en las
barras. Eran las dos y media de la madrugada de un sábado de
primavera. Todavía era temprano. El DJ que pinchaba esa
noche movió unas perillas de su mezcladora de discos,
levantó el dedo índice hacia el techo, y las luces de la
pista se apagaron de golpe. También se apagó la música. O
mejor dicho, casi: a lo lejos podías sentir que avanzaba una
melodía líquida, muy suave, burbujeante, como si estuvieras
en el campo y apenas pudieras oír el rumor de un riachuelo.
Aquella melodía lanzada por el DJ venía hacia ti. Te
envolvía. Te sumergía en una acuosa serenidad como de
vientre materno.
Luego, unas luces muy blancas y resplandecientes se
encendieron y apagaron en menos de un segundo. La melodía
líquida mutó hacia una marcha de tambores: otro sonido,
ahora violento, que también parecía venir de lejos. Desde la
penumbra de The Moog, alguien lanzó unos gritos como si
fueran aullidos. Las luces blancas volvieron a prenderse y
apagarse. Sucedió de nuevo: más luces. Y más. Diez, veinte,
cien: infinitas luces a gran velocidad, ahora al ritmo grave
y ascendente de los bajos y tambores que iba soltando el DJ.
Con
el cambio de ritmo, un muchacho japonés sobresalió entre los
bailarines: empezó a brincar como poseído por una fuerza
inexplicable. Sus pies se despegaban medio metro del suelo.
Sus brazos se bamboleaban con violencia. Daba cabezazos
contra nada y giraba en el aire antes de volver a aterrizar.
Unas chicas que lo miraban con sorpresa se animaron a
seguirlo. Más tarde me enteraría de que ese muchacho se
llamaba Hiro. Su nombre se prestaba para las bromas de sus
amigos, quienes también le decían Hero, héroe en inglés.
¿Por qué Hiro bailaba así? «Porque es nuestro hero», se
rieron y se pusieron serios al instante. Continuaron
bailando. Era obvio que no querían hablar.
(Este texto
tiene 448 palabras. El
original
es de 4629 que fue publicado en la
Edición N° 25 de
la Revista Etiqueta Negra
- Perú.
Para adquirir
la edición impresa visita
www.etiquetanegra.com.pe
).
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